Un lustro del manifiesto Última Llamada. Reflexión de Pepe Campana

Si algo se ha conseguido en estos cinco años es, si acaso, hacer de la propaganda —aquella que tiene por encargo la propagación de la fe— la herramienta capaz de pintar en verde la más catastrófica de cuantas crisis podríamos imaginar. Velar la muerte sin propiciar la vida. Engaño.

Si en algo se ha avanzado es, me temo, en la fascinación que provoca imaginarse hacedor de cuanto nos rodea. El ser humano convertido a sí mismo en creador. Una realidad, hasta hace poco ajena, modificada a nuestro antojo, dominada y sometida. Poseer cuántas riquezas aún permanecían escondidas. Como si no hubiera fin.

Si en algo hemos ganado es, triste realidad, en las diferencias entre los unos y los otros. Entre los de aquí y los que no vemos —o los que vemos, apenas un instante, moviendo desesperados sus brazos mientras los arrojamos a los tiburones. Y también entre los que abusan y los abusados. Abismo.

Y en velocidad. También en eso hemos ganado. Corremos más. No está claro hacia dónde. O quizás sí. Y corre entre nosotros el deseo de quienes anhelan el poder para preservar nuestros derechos que pronto serán sólo suyos. Duele la amargura de saber que cada vez son más quienes les empujan a ello. Lo llaman, pero no lo es.

Si es necesario, como ya se anunciaba en el manifiesto de la última llamada, “ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural” como medio para construir alternativas democráticas que posibiliten la buena vida dentro de los límites ecológicos del planeta, oídos sordos.

¿Fracaso?
Quizás no.
Fuera se está fraguando la rebelión.
En la calle estamos a 42 grados.

Richard Heinberg: Cómo reducir la economía sin quebrarla. Un plan en diez puntos

Richard Heinberg (foto: Post Carbon Institute)(Reproducimos un importante texto del divulgador estadounidense y miembro del Post Carbon Institute Richard Heinberg, previamente publicado en castellano en la revista 15/15\15 para una nueva civilización)

La economía humana es actualmente demasiado grande para ser sostenible. Lo sabemos porque la Global Footprint Network, que metódicamente hace seguimiento de los datos, nos informa de que la humanidad está usando actualmente recursos equivalentes a una Tierra y media.

Podemos usar temporalmente los recursos más rápido de lo que la Tierra los regenera únicamente tomándolos prestados de la futura productividad del planeta, dejando menos para nuestros descendientes. Pero no podemos hacerlo durante mucho tiempo. De una forma u otra, la economía (y aquí estamos hablando principalmente de las economías de los países industrializados) debe reducirse hasta que subsista con lo que la Tierra puede proveer a largo plazo.
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