Que los gobiernos digan la verdad y declaren un Estado de Emergencia

Símbolo de la extinciónEstas últimas semanas se han unido dos voces procedentes de ámbitos y lugares distintos (la ciencia y el activismo, España y el Reino Unido), realimentándose de manera positiva, en reclamar esa doble e inseparable necesidad: que el poder política deje de ocultar la gravedad de la situación climática/ecológica/energética y declare un estado de emergencia a la altura del reto que tenemos como especie: evitar la extinción, tanto la nuestra como la del resto de la biosfera. Algo muy en la línea de la urgencia que exigía nuestro Manifiesto Última Llamada.

EmerCivPor un lado el movimiento Extinction Rebelion está adquiriendo un impulso prometedor y desde el Reino Unido lanzando semillas de rebelión y desobediencia no-violenta “por la Vida” en otros países, incluido el nuestro. Por otro, un nuevo grupo de activistas y científicas/os se han unido para reclamar del gobierno español que la Ley de Cambio Climático y Transición Energética que prepara el ministerio dirigido por Teresa Ribera corrija su error de partida: no reconocer que la única manera posible de alcanzar los objetivos de dicha transición es trasformar también el sistema socioeconómico, y abandonar el crecimiento (del consumo, del PIB…).

Dos interesantes iniciativas que merece la pensa seguir con atención, y que convergen en la exigencia de verdad, democracia y cambio de modelo civilizatorio, como única manera de defender la Vida frente a la extinción.

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Ferran P. Vilar: Nordhaus y el informe del IPCC: estado de emergencia intelectual y climático (y 2)

(Segunda parte del artículo reproducido anteriormente en este blog.)

Ferran Puig VilarComo enlace temático con este texto anterior conviene señalar que nuestro Nordhaus es una de las personas que más daño ha hecho al IPCC. Recordemos que este organismo fue creado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher a finales de los ochenta en buena medida para incluir la economía en los resultados de los climatología, que por aquél entonces ya llevaba años anunciando lo esencial de lo que ya está ocurriendo. En una de sus reuniones, celebrada en 1988 en Toronto, estos físicos y biólogos tuvieron la osadía de cuantificar la reducción de emisiones necesaria para frenar el cambio climático, lo que debió de hacer sonar todas las alarmas en los consejos de administración y asociaciones empresariales. Efectivamente, el denominado “Working Group III” del IPCC contó con la presencia de “economistas del cambio climático” con sus modelos integrados económico-climáticos (IAMs) supuestamente afinados, cosa que se mantiene hasta hoy.

Sigue leyendo en el blog del autor: Usted no se lo cree.

Ferran P. Vilar: Nordhaus y el informe del IPCC: estado de emergencia intelectual y climático (1)

Ferran Puig VilarEsta semana se han producido en el mundo climático dos hechos de gran relevancia. Ambos acontecimientos son complementarios, y testigos de la confusión de conocimiento en que nuestra sociedad está inmersa, con especial hincapié y significación en el destino del clima de la Tierra. Además se produjeron el mismo día, lo que da lugar a toda suerte de especulaciones acerca de su posible simultaneidad deseada.

Estos acontecimientos han consistido en la emisión del último informe del IPCC, específico sobre +1,5 °C, y la otorgación de una especie de Nobel de economía al veterano “economista del cambio climático” William D. Nordhaus. Esta nominación desde luego pretende lanzar un mensaje. ¿Está este mensaje relacionado con la emisión, en el mismo día 8 de octubre, del informe del IPCC sobre 1,5 °C? Difícilmente lo sabremos, pero yo me atrevo, por lo menos, a confrontar ambas perspectivas.

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Luis González Reyes: Reflexiones estratégicas entre cumbres climáticas y elecciones, para tiempos de colapso civilizatorio

(Este artículo, publicado originalmente en la revista 15/15\15, es complementario al titulado “Entre la toma de las instituciones y la creación”. Además, parte del análisis realizado en En la espiral de la energía. Ambos textos se citan más adelante.)

Luis-Gonzalez-Reyes-300x234En estos momentos de cumbres climáticas y periodos electorales es necesario no solo mirar la táctica, los pasos cortos, sino también la estrategia, la mirada larga. Este texto pretende ser una contribución a lo segundo.

Vivimos las primeras etapas de un cambio civilizatorio de grandes proporciones. Dos de sus características básicas son una reducción de la energía y de los materiales disponibles. Esto va a suponer una mayor simplificación social (menos personas, interconexiones y especialización social). Esta simplificación se plasmará en la quiebra del capitalismo global, el fin de la hegemonía estadounidense, el alza de los conflictos por el control de los recursos, la fuerte reconfiguración del Estado con una merma de capacidad de acción, la pérdida masiva de información y el descenso demográfico. Este colapso no es una opción, es inevitable. Lo que no está escrito es qué velocidad tendrá, qué profundidad alcanzará o cómo se reconfigurarán los ecosistemas y las sociedades humanas. No voy a justificar este escenario, lo que hemos hecho en otra parte [1], sino que parto de él para tener espacio para las reflexiones estratégicas.

El colapso del sistema industrial brindará oportunidades para la eclosión de nuevas sociedades más justas, solidarias e, inevitablemente, sostenibles. Pero estas oportunidades serán más cuanta menor degradación social[2] y ambiental se produzca. Es decir, que cuanto peor, peor: a menor capacidad colectiva de navegar a través del colapso, mayores probabilidades de que que eclosionen nuevos autoritariomos o fascismos. La segunda idea fuerza es la imprescindible creación de alternativas, de nuevas instituciones [3]. A partir de ahí, comparto algunas reflexiones estratégicas.

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