Decrecimiento: nuevas raíces para la economía (carta abierta)

(Publicada el 13/05/2020 en la revista Ctxt.es y en otros medios en varios países, y firmada por más de un millar de personas de 60 países dedicadas a la investigación, bajo el nombre colectivo de Degrowth New Roots Collective. El texto incide en la línea abierta previamente por otros manifiestos académicos publicados en Países Bajos y en Euskal Herria.)

#NewRoots for the Economy

Francesca Van Daele

La pandemia del coronavirus se ha llevado innumerables vidas y deja paso a un futuro incierto. Mientras las personas en primera línea del sistema de salud y del abastecimiento social básico están luchando contra la propagación del virus; cuidando las personas enfermas y manteniendo el funcionamiento de operaciones esenciales, una gran parte de la economía se ha estancado. Esta situación es paralizante y dolorosa para muchos, provocando miedo y ansiedad a aquellos que amamos y a las comunidades a las que pertenecemos. Aun así puede ser también un momento para que colectivamente aportemos e impulsemos nuevas ideas.

La crisis desencadenada por el coronavirus ha puesto al descubierto muchas debilidades de nuestra economía capitalista obsesionada por el crecimiento como la inseguridad, sistemas de salud menoscabados por años de austeridad y la infravaloración de algunas de las profesiones más imprescindibles. Este sistema, basado en la explotación de las personas y de la naturaleza, es severamente propenso a sufrir crisis, que son de hecho consideradas normales. Aunque la economía mundial está produciendo mucho más que nunca, no se ocupa del cuidado de los seres humanos y del planeta; en su lugar la riqueza es acumulada y el planeta arrasado. Millones de niños mueren cada año por causas evitables, 820 millones de personas están desnutridas, la biodiversidad y los ecosistemas están siendo degradados, los gases de efecto invernadero continúan elevándose provocando un violento cambio climático antropogénico con aumento del nivel del mar, tormentas devastadoras e incendios incontrolables entre otros fenómenos.

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Un lustro del manifiesto Última Llamada. Reflexión de Pepe Campana

Si algo se ha conseguido en estos cinco años es, si acaso, hacer de la propaganda —aquella que tiene por encargo la propagación de la fe— la herramienta capaz de pintar en verde la más catastrófica de cuantas crisis podríamos imaginar. Velar la muerte sin propiciar la vida. Engaño.

Si en algo se ha avanzado es, me temo, en la fascinación que provoca imaginarse hacedor de cuanto nos rodea. El ser humano convertido a sí mismo en creador. Una realidad, hasta hace poco ajena, modificada a nuestro antojo, dominada y sometida. Poseer cuántas riquezas aún permanecían escondidas. Como si no hubiera fin.

Si en algo hemos ganado es, triste realidad, en las diferencias entre los unos y los otros. Entre los de aquí y los que no vemos —o los que vemos, apenas un instante, moviendo desesperados sus brazos mientras los arrojamos a los tiburones. Y también entre los que abusan y los abusados. Abismo.

Y en velocidad. También en eso hemos ganado. Corremos más. No está claro hacia dónde. O quizás sí. Y corre entre nosotros el deseo de quienes anhelan el poder para preservar nuestros derechos que pronto serán sólo suyos. Duele la amargura de saber que cada vez son más quienes les empujan a ello. Lo llaman, pero no lo es.

Si es necesario, como ya se anunciaba en el manifiesto de la última llamada, “ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural” como medio para construir alternativas democráticas que posibiliten la buena vida dentro de los límites ecológicos del planeta, oídos sordos.

¿Fracaso?
Quizás no.
Fuera se está fraguando la rebelión.
En la calle estamos a 42 grados.

Última llamada: una respuesta. Programa para una “Gran Transformación”

(Artículo originalmente publicado en el blog The Oil Crash, de Antonio Turiel. ACTUALIZACIÓN 20/09/14: Añadimos una versión en PDF para facilitar su descarga y lectura.)

Karl-Polanyi-IVUna llamada se realiza buscando una respuesta, y en el caso del manifiesto llamado Última llamada, promovido por un grupo de científicos, académicos, intelectuales y algún aspirante a servidor público las respuestas no se han hecho esperar. Personalidades de primera fila del mundo de la política nacional, dentro de la corriente socialdemócrata, hasta ahora caracterizada por sostener sin fisuras que uno de los objetivos de la sociedad y del gobierno debe ser el desarrollo de las fuerzas productivas, el llamado crecimiento económico, se encuentran entre los primeros firmantes del manifiesto.
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