Que los gobiernos digan la verdad y declaren un Estado de Emergencia

Símbolo de la extinciónEstas últimas semanas se han unido dos voces procedentes de ámbitos y lugares distintos (la ciencia y el activismo, España y el Reino Unido), realimentándose de manera positiva, en reclamar esa doble e inseparable necesidad: que el poder política deje de ocultar la gravedad de la situación climática/ecológica/energética y declare un estado de emergencia a la altura del reto que tenemos como especie: evitar la extinción, tanto la nuestra como la del resto de la biosfera. Algo muy en la línea de la urgencia que exigía nuestro Manifiesto Última Llamada.

EmerCivPor un lado el movimiento Extinction Rebelion está adquiriendo un impulso prometedor y desde el Reino Unido lanzando semillas de rebelión y desobediencia no-violenta “por la Vida” en otros países, incluido el nuestro. Por otro, un nuevo grupo de activistas y científicas/os se han unido para reclamar del gobierno español que la Ley de Cambio Climático y Transición Energética que prepara el ministerio dirigido por Teresa Ribera corrija su error de partida: no reconocer que la única manera posible de alcanzar los objetivos de dicha transición es trasformar también el sistema socioeconómico, y abandonar el crecimiento (del consumo, del PIB…).

Dos interesantes iniciativas que merece la pensa seguir con atención, y que convergen en la exigencia de verdad, democracia y cambio de modelo civilizatorio, como única manera de defender la Vida frente a la extinción.

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Federico Ruiz: De economistas y servidumbres

Federico RuizLa polémica sostenida este pasado otoño entre Paul Krugman y Richard Heinberg acerca de las posibilidades de las sociedades actuales para afrontar con éxito los ‘desafíos’ que presenta el Cambio Climático es muy esclarecedora de la incapacidad para comprender la naturaleza y la dimensión reales de la Gran Crisis Global de los ostentadores del saber hegemónico en nuestros días, los economistas. Hablar de ‘economistas’ sin mayores especificaciones suena a una generalización excesiva y abusiva en la que se mezcla todo sin rigor alguno. Quizá no lo sea tanto.
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