Un lustro del manifiesto Última Llamada. Reflexión de Manuel Casal Lodeiro

Foto: Martiño Picallo (Luscofusco).

(Publicado previamente en el blog Saber Sustenar, de El Salto.)

Este mes de xullo fanse os cinco anos da publicación do manifesto Derradeira Chamada, un texto anti-neokeynesiano de reacción ante os signos de que a nova esquerda que xurdía daquela en España como herdeira autoproclamada do movemento dos Indignados do 15 de maio, estaba a se escorar claramente a posicións socialdemócratas clásicas. Aquel texto reclamaba abrir un debate social “amplo e transversal sobre os límites do crecemento” coa finalidade de “construírmos democraticamente alternativas ecolóxicas e enerxéticas que sexan á vez rigorosas e viábeis”. E advertía: “como máximo temos un lustro (2014-2019) para asentar ese debate no que nos xogamos o futuro”.

Á vista está que o manifesto, malia a súa notablemente positiva e rápida recepción por certo sector social concienciado (o día que apareceu na Internet recibiu mil visitas cada hora, e en apenas tres recibiu máis de cinco mil sinaturas e apoios moi notables como o do ecosocialista Michael Löwy), non viu as súas demandas cumpridas. Entre as personalidades políticas galegas asinantes encontrabamos os nomes de: Ana Miranda, Antón Sánchez, César Santiso, Eva Solla, Laura Bugallo, Lidia Senra, Lois Pérez Leira, Chus Boo, Martiño Noriega, Xan Duro, Xosé Manuel Beiras, Yolanda Díaz…

(Seguir leyendo en Saber Sustentar – El Salto.)

Que los gobiernos digan la verdad y declaren un Estado de Emergencia

Símbolo de la extinciónEstas últimas semanas se han unido dos voces procedentes de ámbitos y lugares distintos (la ciencia y el activismo, España y el Reino Unido), realimentándose de manera positiva, en reclamar esa doble e inseparable necesidad: que el poder política deje de ocultar la gravedad de la situación climática/ecológica/energética y declare un estado de emergencia a la altura del reto que tenemos como especie: evitar la extinción, tanto la nuestra como la del resto de la biosfera. Algo muy en la línea de la urgencia que exigía nuestro Manifiesto Última Llamada.

EmerCivPor un lado el movimiento Extinction Rebelion está adquiriendo un impulso prometedor y desde el Reino Unido lanzando semillas de rebelión y desobediencia no-violenta “por la Vida” en otros países, incluido el nuestro. Por otro, un nuevo grupo de activistas y científicas/os se han unido para reclamar del gobierno español que la Ley de Cambio Climático y Transición Energética que prepara el ministerio dirigido por Teresa Ribera corrija su error de partida: no reconocer que la única manera posible de alcanzar los objetivos de dicha transición es trasformar también el sistema socioeconómico, y abandonar el crecimiento (del consumo, del PIB…).

Dos interesantes iniciativas que merece la pensa seguir con atención, y que convergen en la exigencia de verdad, democracia y cambio de modelo civilizatorio, como única manera de defender la Vida frente a la extinción.

Manuel Casal Lodeiro: ¿Transición (Ecológica)? ¿Qué transición?

(Traducción actualizada por el autor de un artículo previamente publicado en gallego por la revista Luzes.)

¿Transición Ecológica o gatopardismo?Uno de los aspectos más novedosos y comentados del inesperado gobierno de Pedro Sánchez es el nuevo Ministerio para la Transición Ecológica. Más allá de este llamativo nombre, ¿qué es lo que hay?, ¿hacia dónde nos ofrecen transitar? Una transición se entiende como un proceso de paso de un lugar, de un sistema o de un estado a otro diferente. Por ejemplo, en España se denomina Transición política la que nos llevó de la dictadura a esto que tenemos desde 1975-78 y que muchos llaman “democracia”. Sin embargo, cuando nos hablan de una “transición ecológica” podemos entender más o menos de dónde partimos, pero nadie nos explica hacia dónde se supone que nos quieren dirigir.

Para dificultar aun más la comprensión de lo que se propone, se está utilizando la doble terminología de #TransiciónEnergética / #TransiciónEcológica. Entonces ¿es una transición de un sistema energético a otro? O ¿de una economía a otra… que sea “ecológica”, como parece querer dar a entender el nuevo gobierno español en sus primeras declaraciones?

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