Antonio Turiel: Lo que no Podemos

(Continúa el análisis sobre la conformación de un equipo para la elaboración del programa económico de la formación política Podemos. Tras el texto de Pedro Prieto, es en esta ocasión Antonio Turiel quien desde los parámetros del manifiesto Última Llamada, critica la orientación tomada por Podemos con esta decisión en un artículo publicado este pasado martes 14 de octubre en El Diario.)

Una fracción minúscula del internet español está estos días revolucionada, no por la aparición del virus del ébola en la capital de España, sino por algo que consideran un desastre todavía mayor: que Podemos, a través de Pablo Iglesias, le haya encargado a Juan Torres y a Vicenç Navarro la elaboración del programa económico de esa formación política. Los miembros de esta fracción internáutica diminuta e imperceptible no se escandalizan porque tengan miedo de que las propuestas de los dos catedráticos sean terriblemente progresistas o porque, dado el crecimiento de la formación, esas ideas puedan llegar a poner en peligro algunos valores tradicionales muy asentados; qué va, hay quienes se preocupan por eso, pero son un grupo que aunque minoritario es mucho mayor que aquellos de los que hoy me ocupo. Lo que realmente preocupa a mi caterva insignificante, despreciable en su pequeñez, es justamente lo contrario: que las propuestas de los dos intelectuales quedarán demasiado cortas; que, dadas las orejeras que les imponen su formación clásica, ni Juan Torres ni Vicenç Navarro aceptarán nunca que el mundo tiene límites y centrarán su discurso en redistribuir, basándose sobre todo en aquello con lo que se crece, sin ver ni querer entender que el mundo está abocado a un decrecimiento duro y prolongado.

Pablo Iglesias y Podemos: ¿Neokeynesianismo o Decrecimiento? (Símbolo del Decrecimiento tomado del documental "Decrecimiento")

Pablo Iglesias y Podemos: ¿Neokeynesianismo o Decrecimiento? (Símbolo del Decrecimiento tomado del documental ‘Decrecimiento: del mismo de la abundancia a la simplicidad voluntaria. http://documentaldecrecimiento.com/’)


Conviene no olvidar que hace no demasiados meses estos dos mismos eruditos, Juan Torres y Vicenç Navarro, polemizaban con Florent Marcellesi sobre el significado político del decrecimiento. Desgraciadamente, a pesar de su honestidad intelectual y su compromiso con la sociedad, ninguno de ellos pareció comprender que el decrecimiento no es un movimiento político reaccionario delante de una realidad desagradable, sino una realidad desagradable a la que uno sólo puede reaccionar, en algún caso, a través de un movimiento político.

Vicenç Navarro llevó más lejos aún la polémica, lanzando repetidas andanadas contra el decrecimiento en general y contra Florent Marcellesi en particular, alguna de las cuales yo intenté devolver desde mi mucho más modesto navío internáutico, The Oil Crash. Y ahí quedó la cosa… o no quedó, porque unos meses más tarde un pequeño grupo de académicos y activistas, que incluía al citado Marcellesi y accidentalmente a un servidor, decidió lanzar el manifiesto Última Llamada (y más tarde este blog), con el propósito de denunciar que no sólo las medidas de austeridad ciegas llevan a la pobreza y la desesperación a la mayoría, sino que también las políticas neokeynesianas (a las que Navarro y Torres parecen ser adeptos) pueden llevarnos por ese mismo camino, a pesar de tener mayor voluntad social que las otras. En aquel fin de semana extraño en que el manifiesto Última Llamada viera inopinadamente la luz, aparecieron varias decenas de firmantes iniciales de los que yo nunca hubiera sospechado que estuvieran al tanto de lo que estábamos preparando aquel puñado de “mindundis”. Y entre los firmantes iniciales del manifiesto está, bien arriba de todo, el nombre de Pablo Iglesias.

Última Llamada ha supuesto para ese pequeño grupo que comentaba al principio un atisbo de esperanza en medio de la sinrazón del debate completamente polarizado de hoy en día. Delante de un escenario en que se plantean sólo dos opciones posibles (austeridad del neoliberalismo o “crecimiento vía el ahorro” versus redistribución y neokeynesianismo o “crecimiento vía el consumo”), Última Llamaba creaba una nueva e imprescindible dimensión a lo largo de la cual moverse, como diciendo: “¿Y qué pasa, señores, si crecer ya no es físicamente posible, aparte de no ser deseable?”.

Ninguno de los dos leviatanes económicos, neoliberalismo y neokeynesianismo, ha prestado la más mínima atención al alfeñique del decrecentismo hasta que sus tesis no han comenzado a ganar adeptos, a medida que el tiempo pasa y la crisis no se soluciona. Pero ahora que ese tercero en discordia ha comenzado a ganar un cierto (y escaso) terreno, los dos gigantes del pensamiento económico han optado por dos estrategias diferentes respecto a él: ridiculizarle e ignorarle (con mucho, la mayoritaria) o intentar desarmarlo intelectualmente (la opción de Navarro).

Los que apuestan por el decrecentismo, seamos honestos, son las personas desencantadas de tantas promesas incumplidas y que ya sólo buscan una tierra firme que pisar, no importa cuán baja sea. Para estas personas, la última y única alternativa final al decrecentismo es el colapso entero de la sociedad, y no es por eso casualidad que uno de los grupos de Facebook donde se contempla el decrecentismo como última esperanza se llame así, “Colapso”. Los decrecentistas han perdido ya la fe en la actual pero moribunda sociedad del consumo, y buscan, como otros muchos sectores de la sociedad, una regeneración, un cambio profundo que haga viable la sociedad desde bases más sólidas y mejor asentadas. Y por eso muchos decrecentistas y personas con pensamiento afín vivieron con gran ilusión la emergencia de Podemos y de Pablo Iglesias como una última esperanza de hacer las cosas bien hechas.

Sucede, sin embargo, que aquellos que han transitado por el camino del decrecentismo, que lleva a comprender la necesidad e inevitabilidad del decrecimiento, han ido mucho más lejos que los que sólo perciben la corrupción de nuestro mundo y la necesidad de que nazca un mundo nuevo. Los decrecentistas son, por ello, mucho más críticos, porque ya han pensado mucho en el problema y ya han descartado muchas falsas soluciones; sus mochilas se han vaciado, tras un largo proceso de reflexión y raciocinio, de renuncia a muchos sueños, y ahora ya son libres de toda carga material y sólo esperan que podamos emprender como sociedad el camino del descenso necesario.

Por eso resulta comprensible que, ahora que Pablo Iglesias se desmarca de esas ideas con un discurso de tonos ya no sólo neokeynesianos sino incluso socialdemócratas, la decepción de estas personas sea grandísima. Y el fichaje de Vincenç Navarro y Juan Torres para la elaboración del programa económico se percibe como una traición, perpetrada por aquel en el que algunos decrecentistas habían puesto sus últimas esperanzas.

Y sin embargo, a mi modo de ver, se equivocan los que piensan así. Se equivocan porque no comprenden qué es Podemos. Por encima de todo, Podemos es un partido político. Uno que aspira a regenerar la vida política, bien es cierto; pero es un partido al fin y al cabo. Y dada la dinámica de los partidos en las democracias liberales, Podemos se ve en la necesidad de hacer más aceptable su discurso si quiere llegar, algún día, a ser alternativa de Gobierno e incluso, más aún, la base de una nueva visión hegemónica. Pero como se repite en las discusiones de estos días, Podemos no puede llegar a ser un movimiento mayoritario con un discurso decrecentista. Y la razón es obvia: como digo desde el principio del artículo, los decrecentistas son cuatro gatos.

A la mayoría de la población no le puedes explicar que tiene que vivir con menos porque, aunque se reparta lo que hay entre todos, a la mayoría le acabará tocando a menos (porque cada vez habrá menos); no te querrán creer, porque en la tele, los diarios, las revistas… no se habla del fin del crecimiento ni del fin del capitalismo. Podemos aspira a ser el movimiento de toda esa gente, la que se da cuenta de que un cambio es necesario –que es la mayoría–, pero no de los que se dan cuenta de que ese cambio tiene que ser radical –que es una minoría–. Contentar a ambos colectivos a la vez es imposible sin mentir, y Podemos ha elegido al primero porque, simplemente, son muchísimos más, y con su fuerza aspiran a poder gobernar, y poder al fin hacer los cambios que consideran necesarios.

En definitiva, Podemos es o aspira a ser un reflejo de una sociedad que se ha sentido ignorada y engañada por sus dirigentes, y también aspira a ser reflejo de sus cambios. Y, admitámoslo, nuestra sociedad no es decrecentista; no ha entendido el decrecimiento ni sabe ni quiere saber que el decrecimiento ya está en marcha, sin que lo hayan puesto en marcha los decrecentistas, y sin que nadie lo pueda parar.

No culpemos a Podemos por no ser como aspiramos que sea, por no ser cómo sabemos que debería ser si no quiere estrellarse. Podemos es sólo el espejo donde se mira la sociedad, y por tanto ese “Podemos” de su nombre es más bien “Lo que podemos”, aquello que la sociedad es capaz de decir, pensar y hacer. Al oír su nombre, “Podemos”, pensamos que son todo posibilidades, que su nombre es la expresión de una voluntad regeneradora e indómita; sin embargo, en realidad su nombre significa “Lo que podemos”: no es todo lo que podríamos hacer, sino una delimitación de lo que nos atrevemos a ser y a pensar; no son todo verdes praderas sino una expresión de nuestras limitaciones como sociedad. Simplemente, no podemos más. Esto es lo que somos y esto es lo que podemos. En realidad, al decir “Podemos” insistimos sobre “Lo que no podemos”.

Los decrecentistas, en realidad, tienen que entender que hay que seguir haciendo pedagogía con la sociedad. Hay que seguir explicando que el ecosistema planetario está gravemente enfermo, y que esta frase no es un lugar común sino un hecho constatado y doloroso; hay que seguir diciendo que esta crisis no va a acabar nunca explicar el porqué; hay que decir en voz cada vez más alta que ni el fracking ni las renovables ni ninguna otra tecnología-milagro van a resolver nuestros problemas; hay que advertir que a pesar de los sueños de recuperación estamos a las puertas de una gran recesión que puede traer consecuencias peligrosas e imprevisibles; hay que gritar, a pleno pulmón, la verdad a la cara. Sólo cuando sepamos podremos comprender mejor lo que sucede, cambiando también lo que somos. Sólo cuando cambiemos lo que somos cambiaremos lo que podemos. Y sólo entonces podremos.

Podemos. Hagámoslo.

8 comentarios en “Antonio Turiel: Lo que no Podemos

  1. Después de leer el artículo de Pedro Prieto: “Salirse de la dicotomía…” y éste de Antonio Turiel: “Lo que no Podemos”, quisiera aportar algunas consideraciones que contribuyan a aclarar la aparente contradicción entre los alegatos por el decrecimiento y el programa de Podemos.
    Lo primero que me gustaría señalar es que Pablo Iglesias puede ser una persona con sensibilidad de izquierdas y haber suscrito el “Manifiesto Última Llamada” a título personal en tanto que persona sensible a las realidades que soporta el planeta Tierra, pero Podemos no es un partido de Izquierdas, sino un movimiento de amplio espectro social que pretende recoger el sentir de los damnificados por las políticas neoliberales, la inmensa mayoría de la ciudadanía, y traducirlo en un triunfo electoral, de manera que sea posible, a corto plazo, iniciar un proceso constituyente, una auditoría de la deuda odiosa y el establecimiento de un Estado social que prime los valores humanos sobre los crematísticos.
    Lo segundo, que Podemos es mucho más que Pablo Iglesias. Pablo Iglesias es portavoz temporal de Podemos y miembro de uno de los grupos elaboradores de proyectos para el programa de Podemos, conocido como el Grupo de la Complutense. El que pida a los señores Navarro y Cruz que elaboren un programa de gobierno económico para los primeros cien días de gobierno no implica en absoluto dejar el programa de Podemos en manos de estos dos economistas, entre otras cosas porque el programa de Podemos se aprueba en la Asamblea Ciudadana.
    Pero, hechas estas puntualizaciones imprescindibles, me gustaría aportar otro punto de vista a ese supuesto conflicto de intereses que ustedes dos plantean en sus sendos artículos.
    La teoría del decrecimiento considera que cada vez habrá posiblemente menos a repartir. Desde luego esta teoría es producto de una indiscutible y encomiable preocupación por la justicia global y por el planeta que es nuestro hogar común. Aceptemos por un momento que sea totalmente cierta. Implementarla exigiría el acuerdo global de todos los gobiernos del mundo o, al menos, de un número de ellos lo suficientemente significativo. No es por tanto realista pensar que podamos lograrlo a corto plazo.
    Podemos es un proyecto político de mínimos para tomar el poder político a corto plazo e iniciar con ello un giro radical del paradigma social. Nada más triunfar en las urnas debe dar respuestas urgentes a los seis millones de parados y a los miles y miles de desahuciados. Eso es perentorio, no se puede posponer por más tiempo.
    Una vez tomado el poder por la opción Podemos, se iniciará un proceso de debate y posicionamiento de las muchas fuerzas y opciones que hoy apoyamos ese programa de mínimos y ese será el momento de defender que el Estado se decante hacia soluciones de decrecimiento, domésticas y globales. Es decir, será el momento en que defender esa idea e implementarla sea algo realista y factible. Porque en lo que sí que estaremos de acuerdo es en que, desde gobiernos como los que hemos padecido estos últimos treinta y nueve años, por no hablar de los treinta y nueve anteriores, no es posible, no ya aplicar políticas decrecionistas, sino ni siquiera defenderlas.
    Por lo tanto, no confundamos los tiempos, porque confundirlos en política es mucho más grave que hacerlo en gramática.
    Es como si toda la sociedad tuviera escasez de agua, deberemos tomar medidas para racionalizar su consumo, estamos todos de acuerdo, lo firmamos, lo apoyamos. Pero en momentos como éste, en los que el fuego amenaza con destruir nuestro hogar, no es realista hacer llamadas a restringir el consumo de agua. Lo primero es apagar el fuego. Y Podemos hacerlo.

    Me gusta

    • Completamente de acuerdo con el comentario de Raúl González. Hay que ir paso a paso. Lo primero es acceder al poder para poder solucionar los problemas más urgentes, después ya tendremos tiempo de discutir la estrategia a largo plazo como país y como sociedad.

      Me gusta

    • Sí Raúl y Pau. Puede ser, pero desde las posiciones de Pedro Prieto, Antonio Turiel y mías, la analogía la vemos justamente al revés: Nosotros estamos gritando fuego mientras vosotros decís que hay que calmar la sed de la gente, o si quieres, vosotros queréis como nosotros que no se discrimine entre la primera clase y la tercera clase del Titanic, y nosotros decimos que ya hemos chocado con el iceberg. Es verdad lo que decís de estrategia para llegar al poder para cambiarlo y luego tratar de apagar el fuego. Pero nos surge la pregunta, creemos que lícita, de si durante ese tiempo que nos hacemos con el control del barco para llevar a los camarotes de segunda a los de tercera, no estaría mejor dedicarlo a convencer a la gente de que el barco se hunde y que en vez de ir a los camarotes de segunda hay que organizarse en los botes salvavidas.
      Imaginemos que Podemos gana las elecciones y vuelve a montar un estado de bienestar. ¿Cómo le va a explicar a su sociedad que da igual, que el incendio va a quemar ese estado de bienestar? ¿Cómo explicar que nos hicieron otra vez crecer económicamente (acelerando el incendio temporalmente) para repartir el trabajo y el dinero pero que luego nos tocará drecrecer? Por supuesto la lucha es con el neoliberalismo (que incluso nos va a impedir subir a los botes), pero es un poquito más que matices lo que hay entre las propuestas de Podemos actuales y las nuestras. Tengo la sensación de que los líderes como Pablo Iglesias que hablan de la madurez y la comprensión de la gente de esta sociedad, no creen tanto en ella cuando, firmada “Ultima llamada” no tratan acto seguido de explicar que el Titanic se está hundiendo. Tengo miedo de que la gente crea que se la está invitando a ir a escuchar a la orquesta porque tiene derecho. Pero sabemos que a nosotros, por ahora, no se nos escucha (tampoco se ha escuchado a partidos “agoreros” como Equo o IU), así que ¡ánimo y paciencia pese a todo!
      Por nuestra parte, si Podemos gana el poder, sabemos que nuestras congojas serán más proclives a ser escuchadas y tenidas en cuenta.

      Me gusta

  2. Cuando uno ve que nos dirigimos a toda máquina al abismo, el decrecimiento aparece como el único pedal de freno.
    No vamos (como sociedad) a levantar el pie del acelerador, nos van a seguir diciendo: “no os preocupéis…. España va bien.”.
    Los decrecentistas todo a lo que podemos aspirar es a introducir una (1) idea decrecentista vendible en los programas de los partidos establecidos.
    Estoy completamente de acuerdo que el decrecimiento no es que no venda, sino que espanta. Por eso creo que habría que buscar “la” idea que se pueda vender y hacer de ella bandera, y luego una segunda, y así.

    Me gusta

  3. Coincido con Raúl pero creo que es necesario que desde un principio, o sin tardar mucho, los partidos o los movimientos sociales se posiciones a cerca del modelo de social y económico al que aspiran. A mi siempre me ha resultado reconfortante apoyar a aquel que lucha ahora y con métodos adaptados al ahora pero que tiene claro hacia donde va. La militancia de izquierdas siempre teníamos en mente “un mundo feliz justo y solidario” algo de lo que estamos huérfanos en estos momentos, necesitamos saber que cuando votamos a alguien, más allá del programa concreto para actual en el corto plazo, nos defina claramente el planeta al que aspira, nos ofrezca un modelo económico y social para el futuro y con el que soñar y por el que trabajar. El socialismo, el comunismo se quedaron sin referente de modelo económico de futuro alternativo al capitalismo, es necesario desde la izquierda diseñar ese modelo, y leyendo sobre la Economía del Bien Común postulada por C. Felber me parece que por ahí podrían ir los tiros.

    Me gusta

  4. Pingback: Lo que no Podemos | La Lamentable

  5. Pingback: Giorgos Kallis: Por un nuevo sentido común decrecentista | Última llamada (Manifiesto)

  6. Pingback: El Dr. Stockmann, un héroe solitario | Asegurando el perímetro

Deja tu comentario o adhesión al manifiesto | Leave your supporting comment | Pour signer le manifeste laissez un commentaire | Überlasse dein Kommentar oder Einstimmung mit dem Manifest | Άφησε το σχόλιο σου ή την υποστήριξή σου στο μανιφέστο

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s