Antonio Turiel: Una visión de «Última llamada» desde dentro.

(Este texto representa las visiones completamente personales y subjetivas del autor, sin que las haya consensuado ni consultado con el resto de promotores del manifiesto, y no representa por tanto la opinión del colectivo, si es que tal cosa existe)

Antonio Turiel. FOTO: Ara.cat

Antonio Turiel. FOTO: Perde Tordera para Ara.cat

Estos días ha habido un pequeño revuelo mediático (realmente pequeño; pocas personas en la calle habrán oído de él) con el manifiesto “Última llamada”, del cual yo consto como uno de sus redactores. Rápidamente se han producido miles de adhesiones al mismo, destacando dentro de la lista de primeros firmantes algunas figuras conocidas del activismo social y de la política, fundamentalmente desde posiciones más a la izquierda. Algunas asociaciones y colectivos se han sentido sorprendidos y en algunos casos ofendidos porque no se les haya hecho partícipes de esta iniciativa, pensando quizá que ha habido un sesgo intencional en la manera que se ha presentado. También se ha visto una pequeña aunque virulenta reacción en contra del manifiesto, capitaneado por ciertas personas anónimas que ya son habituales de los círculos de la negacionía del cambio climático, exigiendo que se aporten datos concretos para apoyar lo que consideran afirmaciones exageradas e infundadas del manifiesto. Por último, muchas de las personas que han apoyado con entusiasmo el manifiesto nos han pedido que articulemos propuestas para el futuro, que demos un paso más y expliquemos cómo se ha de construir esa sociedad futura que ha de reemplazar a la civilización actual, ya decadente y en riesgo de colapso; algunas personas van más allá y nos reprochan que apuntemos al problema sin aportar en el mismo momento las soluciones.

Debo decir que toda esta pequeña agitación, esta tormenta en vaso de agua, me ha sorprendido a mi como seguro que ha sorprendido al puñado de colegas y amigos con los que estuvimos discutiendo este manifiesto durante cosa de un mes. Pueden mirar la lista de los promotores; no son más que una decena larga de profesores universitarios, de científicos, de estudiosos, de activistas ambientales. No había un gran plan detrás de la difusión del manifiesto; de hecho, al principio de empezar a discutirlo, ni siquiera teníamos claro qué queríamos hacer, más allá de denunciar que la única alternativa al austericidio que se plantea hoy en día por parte de las fuerzas políticas antagonistas son las políticas neokeynesianas, cuando a estas alturas sabemos —justamente de eso es de lo que más sabemos, de lo que somos estudiosos— que tales políticas ya no son posibles en un mundo que ya no tiene capacidad física de realizar otro ciclo expansivo. Insisto: no es que no resulte conveniente; es que es físicamente imposible. Por supuesto habrá quien ignore esa imposibilidad a pesar de la clamorosa y abundante evidencia empírica que cualquiera que indague un poco encontrará —yo mismo he escrito miles de páginas sobre el tema—; de hecho, esa ignorancia es la posición mayoritaria de la sociedad. La mayoría de la gente de la calle cree (porque éste es el discurso oficial, con sus construcciones abstractas e intangibles como PIB, prima de riesgo, tipo de interés, productividad, competitividad, etc) que la economía es una máquina que crea prosperidad y produce “crecimiento” a partir de la nada, y que simplemente ahora está averiada pero que cuando los expertos —los economistas— la arreglen volverá a funcionar de nuevo y volverán los días de leche y miel que nos procuró este inagotable cuerno de la abundancia. Lo que nosotros —científicos, estudiosos y activistas— sabemos es que en realidad esta presunta cornucopia no funciona “a partir de la nada”, sino que necesita alimentarse de enormes y crecientes cantidades de energía y materiales y que excreta enormes cantidades de residuos. Sabemos que hoy en día el suministro de energía y de materiales ya no puede aumentar más y comienza a disminuir; el problema no es, como tantas veces torticeramente se dice para confundir, si son abundantes bajo el subsuelo —“las reservas son inmensas”— o encima de él —“la energía que nos llega del Sol es 10.000 veces más de lo que consume la Humanidad”—, sino si se pueden extraer de manera suficientemente rápida y con un rendimiento suficientemente bueno, cosa que justamente sabemos que ya no es posible por más dinero (meros papeles, en realidad, que no modifican la realidad geológica y termodinámica) y tecnología (convertida en una deidad todopoderosa a la que se venera irracionalmente) que se ponga sobre la mesa. Sabemos también que los residuos de esta maquinaria inmensa que solamente busca producir más y más ciega e implacablemente ya no pueden ser asimilados y que están interfiriendo con los mecanismos sociales e incluso con los productivos; toda esa suciedad y carbonilla está empezando a obstruir los engranajes mismos de esta gargantuántica maquinaria. Es por eso que decimos que otro ciclo expansivo no es posible, y al tiempo que otro ciclo de austeridad no es justo ni deseable, y que por tanto hay que comenzar a cambiar discursos e intenciones en pos de una sociedad más justa y equilibrada, que aunque difícil de conseguir creemos posible. Ésa es, a mi entender, la intención fundamental del manifiesto.

Por dejar las cosas claras de buen principio, tengo que decir que a mi hay muchas cosas que no me gustan del manifiesto. No me gusta cómo está redactado (en un estilo muy diferente del mío), no me gusta que se señale hacia ciertos inconcretos pero supuestamente de todos conocidos culpables (para construir hay que integrar) y no me gusta su “tibieza” (no es tibio, pero yo sería más directo y radical). Pero es mucho más lo que me gusta de él que lo que no me gusta; es un documento de consenso, construido con aportaciones de diversas manos (por eso su estilo tiene ciertos trompicones, ya que se reconocen los cambios de redactor) y recoge lo fundamental de lo que aportaron las diversas personas (yo me limité, por cierto, a decir “no me gusta” una vez y “ésta me gusta más” otra). Y por encima de eso, es un intento, el enésimo —no hay nada radicalmente nuevo en “Última llamada”— de despertar a la sociedad a una realidad sobre la que no puede delegar su propia e irrenunciable responsabilidad por más tiempo. Por eso apoyo el manifiesto y por eso lo suscribo.

Y de repente el documento quedó acabado, y con la excitación de saber el trabajo completo unos y otros se aprestaron a preparar su difusión inmediata. Manuel montó la web en dos días, y los numerosos fallos y problemas que hubo durante las primeras horas los tuvo que solventar él solo como buenamente pudo y dejando de lado otras tareas. Cada uno lo difundió entre sus conocidos buscando esa lista de firmantes iniciales y tiró de los contactos que tenía para intentar una difusión lo más amplia posible. Yo me limité a intentar que mis compañeros del Oil Crash Observatory lo suscribieran, pero les avisé tan tarde que sólo unos pocos figuran; otros abrieron el espectro y contactaron con representantes políticos que consideraban más cercanos, y éstos aceptaron firmar. No creo que haya habido un sesgo intencional por el que haya una mayor representación de los sectores más de izquierda; simplemente, la nómina de contactos de esa decena de proponentes estaba escorada de esa manera. A mí personalmente me hubiera gustado contar con adhesiones de todo el espectro político entre los firmantes iniciales, puesto que el problema es completamente transversal: no existe una manera de izquierdas o de derechas de hacer frente a esta crisis de sociedad. Por eso también considero poco lógica las quejas de ciertos colectivos de no haberles avisado antes: no veo tan importante estar en la lista inicial como simplemente estar, si uno lo hace por convicción. Precisamente algunos de los primeros firmantes más conocidos incurren en una evidente contradicción cuando hace unos días suscribieron nuestro manifiesto y pocos días antes y aún pocos días después defienden públicamente una vez más las clásicas soluciones neokeynesianas para afrontar la grave crisis económica que ya es una grave crisis social y que se está convirtiendo en una grave crisis de civilización. Ésta es su contradicción, que muchos, y yo entre otros, no dejaremos de señalar. En realidad, un posible efecto positivo del manifiesto es que obligará a debatir la cuestión, al exigírsele a sus subscriptores coherencia y propuestas en la dirección necesaria.

No somos este pequeño colectivo de proponentes del manifiesto los que debemos dar una respuesta sencilla y completamente construida a este problema inmenso que lleva décadas en desarrollo y sobre el que se han escrito centenares de miles de páginas. No debemos y no podemos, puesto que cada uno de nosotros tiene una visión diferente sobre el qué hacer. En realidad, el primer paso es abrir el debate para que toda la sociedad sea consciente de la realidad, una realidad no muy cómoda pero de la que puede surgir una sociedad más plena y mejor. Para aquellos más concienciados, el segundo paso es el de unirse a alguna de las decenas de organizaciones ya existentes para trabajar en esa dirección, buscando aquéllas que sean más afines a sus inquietudes personales (asociaciones ecologistas, por los derechos sociales, por el decrecimiento, por la soberanía alimentaria, los grupos de transición, por la protección de los más débiles, etc). Y el tercer paso es exigir a nuestros representantes una toma de postura clara y activa delante de los grandes retos que tendremos que afrontar no sólo durante los próximos años, sino desde ya, desde hoy mismo.

Antonio Turiel, Julio de 2014.


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16 comentarios en “Antonio Turiel: Una visión de «Última llamada» desde dentro.

  1. Coincido en que muchos de los primeros firmantes caen en una contradicción entre lo que firman y lo que luego manifiestan en otros foros. Creo que aunque tienen comparten preocupaciones su visión pre-analítica (paradigma) continua siendo el de la economía neoclasica dominante. Solo un cambio radical de esa visión que permita formular las preguntas adecuadas es el primer paso y el más importantes para intentar adaptarnos a una transformación que es inevitable. La visión de la economía como el todo relevante siendo los ámbitos social y ecológico meras subesferas incluidas en la esfera económica es el principal éxito del capitalismo (http://economiapangloss.blogspot.com.es/2014/03/las-falacias-del-crecimiento.html ), que en una maniobra de gran habilidad separo la economía de la política, otorgando a la primera un halo de ciencia dura que le servía de coartada para que cuestiones de mera elección política se convirtieran en mandatos derivados de leyes económicas inexorables. El capital financiero, lo que es una redundancia pues no lo hay de ninguna otra clase, es un forma de organizar la sociedad y de poder.

    El crecimiento ilimitado ha sido la respuesta del capitalismo a los tres grandes retos que se le han presentado, el exceso de población (Malthus), la desigualdad (Marx) y el desempleo (Keynes). El problema es que nuestro mundo es un sistema termodinámico cerrado (que es diferente de aislado), con irrelevante intercambio de materia con el entorno a escala de tiempo y humana, y con un flujo de energía (baja entropía) constante y disperso (no olvidemos el segundo principio de la termodinámica) que proviene de un punto caliente, el sol, sobre un fondo frio. Cuando estamos en un mundo lleno o que tiende a estar lleno, necesitamos tener en cuenta los límites, como en las economías astronautas, donde en vez de máximizar el flujo se maximiza la conservación del fondo (stock) y se minimiza el flujo. Esto significa que existe una escala óptima, igual que ocurre a nivel microeconómico, donde hay una regla de cuando parar, a nivel macro también existe esa regla, que la economía neoclásica ha omitido de forma torticera. https://sites.google.com/site/autonomiaybienvivir/home/soluciones/2-una-economia-a-escala-optima

    La forma como la omite es mediante el modelo de la función de producción. En ella los recursos son parte del capital lo que presupone que el capital hecho por el hombre es sustitutivo del capital natural (y puede proporcionar los mismos servicios) cuando ambos stocks son esencialmente complementarios. En realidad el proceso de producción es un proceso de transformación de recursos naturales en productos y servicios útiles, o no tanto, para nosotros y residuos (alta entropia) tal como los describió Nicholas Georgescu-Roegen. http://economiapangloss.blogspot.com.es/2014/05/la-economia-del-jardin-del-eden.html

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  3. Al hilo del último párrafo:
    “No somos este pequeño colectivo de proponentes del manifiesto los que debemos dar una respuesta sencilla y completamente construida a este problema inmenso que lleva décadas en desarrollo y sobre el que se han escrito centenares de miles de páginas . . .”
    Y en solidaridad con lo que expresa, me permito recomendar la lectura del capítulo “SER PRO DE LO ANTI” de la obra de Antonio Baños “POSTECONOMIA” en mi modesta opinión lo mejor que se ha escrito de “la crisis” (el libro entero, no solo el capítulo . . .)

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  4. Hola, Antonio Turiel, me ha gustado tu reflexión sobre el Manifiesto, porque pienso que la “revolución” ha de comenzar por uno mismo. Nos han educado para seguir a líderes, ídolos y demás personificaciones de lo que nos gustaría ser,y que marcan unas pautas aparentemente imposibles de corregir. Tengamos en cuenta que la sociedad no es un ente abstracto, está formada por individuos tangibles (yo, tú, él, nosotras…) y que si cada uno no comienza a caminar la masa permanece estancada. Afortunadamente van apareciendo colectivos AUTOGESTIONADOS que apuestan por otro modelo y lo llevan a la práctica en sus hábitos cotidianos. Desde mi punto de vista esto tiene mucha más fuerza y efectividad que los grandes discursos, que los ídolos de barro que nos marcan el camino a seguir, el suyo. Salir de la corriente es más sencillo de lo que parece a primera vista porque no estamos solxs y porque ya existen muchas alternativas que generan otro tipo de relaciones entre los seres humanos entre sí y con la madre Tierra. Alternativas que son susceptibles de cambios, por que están decididos por las personas que las integran y sostienen.
    Creo que si esta enésima llamada de atención a lo que está pasando de VERDAD (ya no es un futuro más o menos lejano, ya estamos sintiendo los efectos de nuestra falta de respeto hacia el mundo) logra despertar a un puñado de personas será un éxito, porque ya faltarán menos para que estemxs todxs avisadxs y actuemos en consecuencia.

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  5. Estimadísimo Antonio: Hace muchos años sigo tu blog y he aprendido una enormidad a través tuyo, te lo quería agradecer, nunca lo hice, no tienes idea el valor que tiene para mi. Con el espíritu crítico que me has ayudado a cultivar, me atrevo a darte mi punto de vista sobre lo que propones se debería hacer y quien lo debería hacer. Los tres pasos que a grandes rasgos propones (debate, participación y reclamo a las autoridades) son cosas que en mayor o menor medida ya se vienen haciendo. Estos temas, hace cuanto se vienen debatiendo? “Los limites del crecimiento” se ha escrito hace 40 años. Algo ha cambiado sustancialmente? creo que no (imagino sabes lo que opina Dennis Meadows 40 años despues: http://www.asociacion-touda.org/2013/04/30/dennis-meadows-no-hay-nada-que-podamos-hacer/ ). Organizaciones civiles y políticas relacionadas hay muchas, cada vez mas, han logrado cambios significativos a nivel global? creo que no. Reclamar a nuestras autoridades un cambio de postura radical? mas estéril todavía. Sinceramente guardo la esperanza de que de este “colectivo” de mas de 200 científicos, políticos, académicos, activistas, etc (que en realidad somos muchos mas…) surja algo superador, un movimiento global o algo similar que pueda sentar las bases de una nueva civilización, que desde ya debe incluir a todos los movimientos y organizaciones existentes, pero debe dar un paso mas allá. No sé si logrará ese cambio que parece tan dificil en tan corto plazo, pero por lo menos intentarlo de otra manera (citando al manifiesto: “diseñar propuestas de cambio mucho mas audaces”) y posiblemente nos permita estar mejor preparados ante los cambios que vengan a la fuerza. Quien mejor que este centenar de personas que ya tiene un diagnóstico relativamente preciso (aun con diferencias, pero el corazón del manifiesto es compartido por todos) y tiene conocimientos sobre las posibles soluciones. Es probable que no se logre “una respuesta sencilla y completamente construída”, pero existe una posibilidad de que algo interesante surja de cientos de personas que saben del tema, trabajando en conjunto, coordinadamente, tratando de armar algo que nadie haya intentado antes (un modelo, un plan, una estrategia…). Sino quienes serán los audaces que se atrevan a diseñar algo distinto? No encuentro otros candidatos que tengan esta visión y que tengan ciertas chances (por su numero y sus conocimientos) de hacer algo. Salvo que quieran llamar a la liga de la justicia, los cuatro fantásticos, las tortugas ninja… o acaso al chapulín colorado… jeje. Tienes razón, habrá muchas posiciones distintas en cuanto a lo que hay que hacer, pero hay algunas cosas centrales en las cuales habrá consenso, y en todo caso ponerse de acuerdo será parte del desafío. No creo sea suficiente razón para no intentarlo, teniendo en cuenta lo que está en juego. Ya he comentado en casi todos los posts de este sitio proponiendo hacer algo, no quiero ponerme molesto… ojalá pueda surgir algo nuevo ahora, sino tal vez surja en el futuro, cuando los acontecimientos no dejen otra alternativa que intentarlo, o ni siquiera eso.

    Un abrazo muy grande desde Argentina!

    Fernando Maya

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  6. Yo fui de los que me entusiasmó el manifiesto. Además de por su contenido, fue una buena noticia encontrar los nombres que cita Antonio en su comentario, personas que desde posicionamientos de izquierda, vienen proclamando la lucha contra la crisis a base de estimular el consumo y recuperar el crecimiento.
    Para mi, una de las victorias de los que mueven los hilos hoy en día ha sido la de robarnos la palabra austeridad. Han conseguido que aparezca como algo odioso lo que, el fondo, nos impulsa a alejarnos de ella. Le han puesto el nombre de austeridad a un desvío de recursos hacia los poderosos. Pero el verdadero antónimo de austeridad es despilfarro, que es a lo que nos conduce el sistema que se nos está deshaciendo entre las manos hoy en día.
    Estoy también muy de acuerdo en que la información económica con la que nos inundan nos habla de indicadores que son, como mínimo, de dudosa calidad (por no decir de una mala intención manifiesta). Me refiero al PIB, la prima de riesgo, etc. Puedo entender que una parte de este discurso de izquierda, que para mi es contradictorio con los valores que hay detrás, provenga de la dificultad de desilusionar a la gente de cara a conseguir votos. Pero en algunos casos veo también un convencimiento que no me encaja, y que tampoco entiendo bajo un punto de vista electoralista. Si estáis interesados os dejo mi opinión en esta entrada del blog.

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  7. Estoy bastante por no decir muy alineado con Antonio Turiel, que es mi referente principal en el asunto y quien primero me hizo dar cuenta de la gravedad, la terrible gravedad, de la situación energética.

    Me gustaría sin embargo matizar un par de cosas desde mi punto de vista.

    La primera es que yo soy menos crítico con el “austericidio”. Estoy a favor de “austeri-” y en contra de “-cidio”. Pienso que la austeridad es obligada, porque o la practicamos de forma deliberada e inteligente, o nos la impondrá la realidad a través de un colapso todavía más brusco y doloroso. El problema de la deuda a nivel mundial es una bomba que probablemente solo tardará un puñado de años en estallar, si tenemos suerte. El dólar en particular, está llegando al límite. Cuanta menos austeridad apliquemos, más deprisa alcanzaremos el finis terrae. Hay economistas de prestigio como Andreu Mas-Collell que avisan del peligro de cualquier exceso de austeridad (refiriéndose en particular al gobierno español, con el límite de déficit que impone a las CCAA pero no aplica a su propio gobierno). Es razonable pensar que tenga razón, pero hay que pensar primero en recortar, y después en no rebanar la cabeza. Como en el juego del mikado, hay que adelgazar al máximo la estructura pero sin rebasar el límite del último palito sin el cual colapsa. Mejor no acercarse más de la cuenta a ese límite, pero es en dirección a ese límite que hay que avanzar. Con eso ahorraremos recursos, atrasaremos el crack de la deuda, de la bolsa y de las finanzas mundiales, y en definitiva ganaremos tiempo y una mayor oportunidad de controlar y suavizar el colapso. Hay que pensar una cosa: el colapso ya está aquí, ya ha comenzado (reflejándose en una desaceleración de la economía mundial que no es cíclica esta vez, sino terminal). Se trata a penas de escoger entre un colapso ralentizado (de varias décadas en el mejor de los casos) que podría tener un cierto carácter adaptativo, o un colapso caótico en cuestión de años.

    En segundo lugar quería matizar algo sobre un abordaje de izquierdas o de derechas al asunto, en lo que estoy seguro que Antonio estará de acuerdo. La ciencia sobre la que nos basamos para pedir que tire del freno de emergencia quien puede hacerlo (los gobiernos, y no solo los ciudadanos), no tiene signo político, pero la forma de hacerlo con respecto al impacto social sí se plantea con dos opciones sobre la mesa: la de izquierdas, que consiste en reducir la desigualdad, y la de derechas, insensible al aumento de la desigualdad. Aquí tengo que decir algo y no es por ser o considerarme de izquierdas: la única forma viable de controlar el colapso es la de izquierdas, evitando que las clases trabajadora y media se vayan hundiendo en la miseria. El aumento de la desigualdad entre una élite (sea el 10% o el 1%) y la masa de la población, es un factor estudiado en los colapsos de civilizaciones que nos han precedido. Es decir que el igualitarismo, hoy en día no es solo una cuestión de ética, sino una cuestión de evitar la precipitación del colapso.

    Hechas estas dos matizaciones, quiero dar mi opinión también sobre el tono anticapitalista del manifiesto. En mi caso particular, pienso que es más una cuestión de denunciar las actuales reglas del juego que el juego en sí, denunciar una forma de capitalismo irracional por autodestructivo y no tanto por su injusticia (que también). No siendo economista, entiendo el capitalismo en sentido amplio, de economía de mercado (que me gustaría más o mejor regulado), y pienso que la “economía de mercado” es prácticamente una redundancia. Me cuesta concebir una economía sin mercado, ambas cosas me parecen referidas a un mismo sistema (a penas visto desde ángulos levemente diferentes). Pienso desde esta perspectiva que es imprudente señalar al capitalismo de forma genérica como culpable de la situación. Capitalismo y comunismo no son para mí categorías antitéticas necesariamente, y prueba de ello sería que el régimen soviético ha sido descrito como capitalismo de Estado y la versión actual del régimen chino se puede calificar de capitalista a secas. (Si me equivoco en estas consideraciones, seguramente no será por mirar en la diección opuesta de la realidad.)

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    • (Sigo con mi comentario, que he tenido que publicar antes de acabarlo porque en el móvil no sé guardarlo y he tenido un problema.)

      Decía que me parecía imprudente señalar al capitalismo, y explicaba una de las dos razones por las que me lo parece: que nos podemos estar equivocando técnicamente. Pienso por ejemplo que cualquier sistema económico/político experimentado hasta hoy tiende igualmente al agotamiento de los recursos, la destrucción del medio ambiente, etc. Mejor dicho, no creo que lo haga el sistema, sino la sociedad que funciona con el sistema que sea, por falta de conocimiento del conjunto de la población. Hasta hace relativamente poco nos faltaban medios y conocimientos científicos, y hasta hoy el nivel de ignorancia, de falta de formación de la población en general es tal, que los conocimientos que tenemos nos sirven de relativamente de poco, porque no conseguimos transmitirlos de forma mínimamente eficaz a la gente, y al menos en las democracias, vota todo el mundo en las elecciones, sin pasar ninguna “selectividad”. Incluso en los regímenes no democráticos, es dudoso que desde el poder se pudieran imponer los cambios radicales necesarios que previnieran el crecimiento y colapso que espera al final del camino, cuando los recursos y el medio ambiente entran en crisis.

      La otra razón por la que me parece no solo injustificado -no veo la base suficiente- sino contraproducente adelantarse a señalar el capitalismo como culpable, es porque tiñe el mensaje ideológicamente o eso le parecerá a la mayoría, y todo el mundo sabe que ideología política y conocimiento científico no pueden, o no deberían ir de la mano, y en la medida que lo hagan será en detrimento de la validez o calidad del conocimiento científico. De forma que para muchos destinatarios, el mensaje perderá credibilidad de entrada (incluso para la gente de izquierdas) y perderá la oportunidad de atraer a lo verdaderamente importante, al asunto en sí, a todos aquellos a quienes repela el color político detectado.

      Que el Antropoceno quedará en los registros geológicos y paleontológicos como una era de corta duración durante la cual se produjo una extinción en masa de especies, no tiene sentido explicarlo mentando el capitalismo. Que el Cambio Global, climático en particular, es una realidad que puede resultar catastrófica o incluso letal para nuestra especie entre otras muchas, no hace falta explicarlo mentando el capitalismo. Que la humanidad está alcanzando el pico de explotación de los recursos naturales (energéticos y también minerales y de otros tipos ), no hace falta explicarlo mentando el capitalismo. Que la producción de alimentos también está alcanzando un pico (tras el cual disminuirá en paralelo con el despeñamiento que sigue al resto de picos), no hace falta explicarlo mentando el capitalismo. Que se agotan los recursos pesqueros y se acidifican peligrosamente los océanos, y que ambas cosas pueden llevar a un desastre ecológico (no solo una pérdida de biodiversidad) e incluso a una extinción en masa de especies marinas, no hace falta explicarlo mentando el capitalismo. Que la agricultura moderna entre otras cosas erosiona el suelo mucho más deprisa, y que al paso actual perderíamos todo el suelo en un par de siglos aproximadamente (ya se ha reducido a la mitad de grosor en los últimos 200 años), no hace falta explicarlo mentando el capitalismo. Que la complejidad creciente de nuestra sociedad implica una pérdida progresiva de robustez, estando seriamente expuestos a fenómenos capaces de hundirnos en el caos en 24 horas (por ejemplo si se repite algo como el Carrington Event, que ya toca, o se desata una ciberguerra que comprometería las principales infraestructuras, el transporte, el comercio, la salud pública, la industria, etc.), no hace falta explicarlo mentando el capitalismo. Que nos acercamos a una Singularidad desde la noche de los tiempos en una progresión exponencial, que los optimistas (Kurzweil en cabeza) creen que es inminente y que se producirá cuando fabriquemos los primeros sistemas de inteligencia artificial que superen a los humanos, momento en el que se producirá un salto cualitativo seguramente acompañado de lo que llaman transhumanismo (evolución artificial de la especie humana integrando elementos exógenos, cibernéticos en particular), y que los pesimistas (yo entre ellos) pensamos que va a consistir en la consumación de nuestro colapso como civilización y probable extinción con un altísimo porcentaje de las actuales especies, no hace falta explicarlo mentando el capitalismo.

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  8. Excelente reflexión, como es habitual, de A. Turiel. Ahora bien, hay una cuestión en la que no estoy de acuerdo. Turiel dice ” puesto que el problema es completamente transversal: no existe una manera de izquierdas o de derechas de hacer frente a esta crisis de sociedad” . Parece claro que reconocer el problema no es de izquierdas o derechas, pero desde mi punto de vista entendo que ya se está afrontando desde la derecha: desigualdades brutales y crecientes, carrera fascista por el control de la población (recordar la ley mordaza de hace unos días), humillación constante a los que cada vez tienen (tenemos) menos… hasta que una reducida élite mundial controle los escasísimos recursos existentes y mantenga su status con violencia y fascismo. A los demás que nos den y que nos enzarcemos con guerras de pobres entre nosotros (ver ejemplo actual de Grecia). Un saludo

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  9. Creo que tienes razón, Xabier: esa expresión de Antonio no ha sido nada afortunada. Hay una manera de derechas y una de izquierdas (bien: mejor diríamos “varias maneras”) de afrontar casi todos los problemas sociales, económicos… políticos en general. Y esto no va a ser una excepción, pues se trata del mayor problema al que nos hemos enfrentado nunca como especie. Las posibilidades que tú apuntas lo dejan bien claro. De hecho la manera de afrontar (?) la cuestión de fondo de este manifiesto está siendo escorada a la derecha, pues sólo busca beneficiar a unos pocos para que estos puedan “flotar sobre la mierda” y que a este sistema moribundo suceda otro donde ellos también manden sobre el conjunto de la población. Neofeudalismo, totalitarismo… la fórmula aún está por ver. Si se abordase desde políticas de izquierda, con realismo y urgencia con reclamamos los promotores y firmantes del manifiesto “Última llamada” …el futuro sería desde luego mucho más igualitario y justo.

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  10. Pingback: Antonio Turiel: Una visión de «Última llamada» desde dentro

  11. Equilibrado, prudente y prolijo como siempre Antonio !

    El tapiz más sofisticado empieza siempre por la primera hebra y, ojalá el Manifiesto pueda cumplir ese rol.
    Sin duda estos debates -que obligan a plantearnos la validez misma de la sociedad que construimos- son siempre complejos, recuerdo por caso la famosa carta escrita por Beltran Russell y suscripta por los grandes “popes” de la energía atómica de aquel entonces (Einstein incluido) en 1955 que, pese al “peso” de los Popes firmantes, no fue suficiente para modificar el proceso de acumulación de armas atómicas.

    http://www.filosofia.org/cod/c1955rus.htm

    Si un Manifiesto firmado por Russell y Einstein (entre otros) no alcanzó en aquel entonces, quizás este tampoco lo consiga pero, la alternativa de la inacción o la huida tampoco son beneficiosas y, en este caso, ni cuentan con el valor del empeño ético.

    Difundir, educar, discutir, explicar… quizás no se la solución pero, queda la tranquilidad de saber que, menos que menos, son el “problema”.

    Veremos hasta dónde llega el impulso y, de parte de los que seguimos tu trabajo, cuenta desde ya con toda la cooperación a nuestro alcance.

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  12. Creo que es muy pertinente indicar que el capitalismo es directamente responsable de lo que está pasando y ello precisamente porque el capitalismo es tan solo la tercera metamorfosis de lo mismo:
    el feudalismo es una variante del esclavismo y a su vez el capitalismo es una variante del feudalismo.

    Es la forma de organizarnos y relacionarnos entre nosotros lo que repercute en el trato que damos al medio entorno. Si cosificamos a otros seres humanos ( los usamos como cosas o instrumentos ) esta claro que animales y entes inanimados son aun mas “cosas” o sea mero recurso de uso y consumo, sobre los cuales solo tenemos derecho e imperio.

    No es la dichosa “naturaleza humana” la clave de la cuestion, tampoco la ignorancia, aunque ambas tienen su peso.

    Es el cambio de las condiciones de contexto lo que propicia uno u otro aspecto de la “naturaleza humana” asi como la ampliacion y difusion del conocimiento y sobre todo el modo de uso del mismo, pues todavia entendemos y ejercemos el conocimiento como otro emanacion e instrumento del poder.

    El uso arrogante del conocimiento sirve para calificar a las personas, mas bien para descalificarlas.

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    • Es curioso que la forma más avanzada (capitalismo) de lo mismo (esclavismo), la que menos cosifica a las personas, sea la que destruye nuestro mundo, ¿no?

      ¿No te parece más razonable suponer que es el exceso de población unido a la sociedad industrial y a la falta de conocimiento de la gente?

      El capitalismo ni siquiera es una ideología política. Ni tan solo una corriente de pensamiento económico. Es a penas una noción de sistema económico que admite definiciones varias.

      En un problema múltiple, con raices ramificadas, tener la expectativa de resolverlo cogiendo el muñeco del capitalismo para hacer vudú con él no parece de entrada el abordaje más sabio del asunto. Es un reduccionismo descabellado, una fijación política rayana en la superstición, y un error monumental, polarizador, proponer la sustitución del capitalismo por no se sabe qué en aras de salvarnos todos nosotros junto con el medio ambiente.

      Puestos a proponer cambios políticos y económicos, a mí me parecería más indispensable progresar hacia un sistema realmente democrático (devolviendo el poder de decisión a las personas), que sin duda redundaría en unas reglas de juego económicas mucho más sanas.

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  13. Pingback: La izquierda y el colapso civilizatorio – Integral i Vital

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